~Rechazo. Odio. Dolor. Decepción y algo de miedo.
Acabas de escuchar esas palabras que jamás te hubiera gustado oír.
No quieres llorar, quieres parecer fuerte. Pero ya es imposible.
Intentas darle la espalda y hacer un salida dramática, con la cabeza bien alta y sin mostrar el menor de los resentimientos. Pero no puedes.
En lugar de eso, le miras a la cara, escrutas sus ojos y no sabes que ves en ellos. ¿Qué acaba de pasar?
¿Tanto miedo le tienes al "no te quiero"?
Te das la vuelta, sales corriendo. Por alguna razón él te sigue, intenta remediarlo de algún modo. Pero ya es tarde.
Cuando sientes que las piernas te fallan, y las lágrimas pesan más que tú, te dejas caer en un rincón oscuro.
Con la cabeza apoyada en las rodillas, sollozando.
Tú y la oscuridad. No hay nadie más. Una soledad que inunda cada rincón de tu corazón. De tu patético corazón, frágil, demasiado frágil.
Y entonces aparece alguien, alguien que hace que desaparezca esa oscuridad. Te tiende la mano, y tú, ahora destrozada y rota en todos las aspectos, te levantas.
-Por esas personas que me tendieron su mano, cuando la oscuridad me invadía.
Gracias.




